domingo, 8 de diciembre de 2013

Tardes sin nombre

Estás sentado en tu salón, mirando la tele pero viendo sin ver. Llaman al timbre, por fin. Qué guapa está, no sabes por qué pero cada día te gusta más. Y ahí está, mirándote con esos ojos tan grandes y esa sonrisa especial que compone cada vez que está cerca de ti; ella te da un beso rápido pero tú la encarcelas entre tus brazos. Es tu presa y como buen lobo tienes que marcar su cintura con tus zarpas. Y la vuelves a mirar, te pasarías la vida mirando esos ojos, ¡joder, pero qué ojos! ¿De dónde sale tanta luz? Tú que ves cómo crecen, cómo se esconden; cómo brillan cuando está feliz y la fuerza y el miedo que transmiten cuando se enfada. Nadie mejor que tú conocen esos ojos que tanto te fulminan.

Le arrastras hasta tu habitación y bajas la persiana lo suficiente para que no te deslumbre el segundo sol del universo. Una vez en la cama te abrazas a ella, quién te besa jubilosa porque te ha echado de menos. Y tú te dejas besar, perezoso; y tú te dejas querer, con calma.

Después puede que habléis, no es raro que habléis en la cama; has descubierto que es el mejor sitio para conversar con ella, es la mejor forma de que ella llore, si quiere, y confiese sus frustraciones y sus miedos. Y luego se calme y te vuelva a besar. O bien puede que se enfade, y te grite y quiera escapar dando un puertazo, pero tú no aflojas nunca el abrazo, ni la dejas huir. Y para que luego se calme y te vuelva a besar.
Otras veces, la mayoría, habla, habla y habla y se ríe, ríe, ríe. Y tú tan calmado, la vuelves a besar.

Qué desorden tan dulce, qué de horas muertas tan vívidas. Qué microcosmos tan lindo en una cama tan mullida.

Hueles su aroma y enredas tus dedos en su pelo, despeinándola. Le besas en los ojos, en esos grandes ojos, y te llevas consigo su maquillaje. "Estás muy guapa al natural" le dices cuando observa frustrada su reflejo en el espejo, aunque ella nunca te cree.

Empiezas a sentirla cerca de ti. O empieza ella a estar más cerca de ti. Los besitos suaves van haciéndose más intensos y nunca hay reticencias, lo cual le molesta que le digas cuando se lo recuerdas. La abrazas (¿pero no la tenías ya sujetada?), la apresas, la besas. La desvistes y te desvistes. La abrazas, la apresas, la besas, la muerdes. El instinto animal prima sobre la razón. Y qué guapa está entre tus dedos. Y cómo crece la pasión entre los dos. 
"Qué pelo más largo tiene" piensas cuando ella se yergue. Oleadas, una tras otra hasta que llega el frenesí desbordado. Caballo desbocado que galopa y relincha cansado. -Ado, -ado, -ado. Terminado. 

"Creo que ya no deberíamos vernos más", te dice. Tú la miras, sonriendo. Siempre igual, siempre dice lo mismo al acabar. Hoy no te vas a enfadar, hoy no vas a intentar hacerle razonar, te callas y miras el techo. "¿Es que no vas a decir nada?". La miras, Dios qué ojos. Vale, lo vas a intentar una vez más.

¿Cómo me siento?

¿Es intriga? ¿Es fascinación? ¿Es odio? ¿Es amor? ¿Es envidia? ... ¿Eso soy yo? No puedo sacarlo, me atormenta, me interesa. Y sé que yo le intereso, no tengo pruebas pero lo sé, igual que sabes cuándo va a ser un buen día o lo bien que te quedarán esos pantalones que aún no te has probado. ¿Es la sirena negra de Gaspar? ¿Es la intuición de un yo en un otro? ¿Y por qué me cuestiono todo esto? ¿Por qué no olvido y dejo pasar? El agua fluye y yo soy una fuente, ¿por qué lo soy, no? Mi naturaleza no tiene raíces. Pero podría tenerlo, podría alimentar mis raíces, podría alimentar tus raíces ¿es eso? ¿Es un anhelo de conexión? ¿Una exclamación al cielo de la necesidad de una simbiosis? ¿Eso soy yo? ¿Y por qué? 

Creo que es soledad. Porque no creo que le interese más que la fascinación que se siente por algo feo.

sábado, 26 de octubre de 2013

Resumiendo

Resumiendo, vamos a echar uno rapidito. 
Marea está violando angelicalmente mis oídos y me está sentando muy bien. Escribo porque me gusta el sonido de las teclas, no porque haya alguna reflexión que me queme contar; no me ha quedado muy bonito eso último, ¿no?
He llegado a la conclusión de que la felicidad no es buena para la escritura. Antes escribía mucho, mucho más que mucho y ahora hago deporte y como sano. Pues me parece muy mal esta incapacidad de extensión comunicativa y me voy a poner en huelga. Me manifiesto contra mí misma. Cris dimisión.
Resumiendo: soy tan feliz que ya no puedo venir a contar desgracias. Maldita mi estampa de luz y color. Y como esto siga así me conozco, soy capaz de joderme la vida para sentirme desgraciada; me va el sado emocional. Resumiendo, no hay mucho que resumir.
Resumiendo, ¿qué hay que resumir?
¿Resumiando? Resumiéndome.

sábado, 17 de agosto de 2013

Bastarda sumisión la mía.

Bastarda sumisión la tuya. Dos besos en el cuello y una respiración en la nuca para perder el control. Jadeas y abres los ojos extasiada. Te muerdes los labios para no gritar mientras él dirige su atención al sur. Y ya está. Qué bien.
Vaya mierda.
El sexo fue concebido para hacernos perder la sensación de realidad. Y nos sintamos pletóricos y felices y completos. Y vaya mierda.
No es por nada en especial. Creo que es por todo en general. Es un odio subversivo contra todo. Es una rabia visceral. Hoy le ha tocado al sexo. Y al amor. Para mí necesariamente van unidos. 
Antes era capaz de aceptar el placer por el placer. El desahogo como necesidad fisiológica y nada más; no una expresión de un sentimiento que te llena, te rebosa y te aniquila.
Antes, los baños de una discoteca era un sitio tan bueno y tan digno como una cama grande y mullida. Y hostias, qué bien. Ni nombres ni caras. ¿Para qué necesitabas su número de teléfono? A la mierda, había muchos peces en el mar y tú eras un tiburón.
Y no un tiburón vegetariano.
Yo me cago en el amor. En la dependencia y en el exterminio del yo para dar paso al "nosotros".
No es miedo al compromiso, es un acto de rebeldía hacia la pérdida de la soltería, que no inocencia.

Yo misma me he reducido a un nombre, a una cara y a unas manos. A un futuro lleno de perros y gatos y niños que se llamarán Aitor. Y lo malo es que deseo eso con todo mi ser.

Definamos esto como mierda humeante y calentita. Es un buen nombre.

Y ya no hay vuelta atrás. El amor cuando no muere mata, y amores que matan nunca mueren. Y a mí no me mata él. Me mato yo misma cada día con un amor que se pega a mi piel y se adhiere a cada partícula de mi ser.  Es como el oxigeno: degrada tus células cada día de forma inexorable, imparable pero, ¿a qué no puedes vivir sin él? Veneno convertido en elixir.
Hay que joderse.
Resumida a un nombre, a una cara y a unas manos. Y joder, qué bien.

martes, 30 de julio de 2013

¿Civiliqué?

La crítica destructiva como ritual diario. Es fácil esconderse en el caos, ¿no crees? En el caos lo aleatorio es la única ley vigente. Es una ley respetable. No hay culpables, ni acusados. Hay heridos, claro, pero siempre hay heridos. Todos estamos heridos, hay quien sangra más y hay quien sangra menos. Me pregunto si habrá alguien que no tenga el alma apuñalada.

Darwin y su teoría de la supervivencia del más apto para la procreación. No el más fuerte o el más listo. Esa es un error generalizado. No tiene por qué extenderse el mejor ejemplar de la especie. Eso me hace pensar.

Por eso creamos normas, ¿no? La civilizaciones no se puede fundar en la jungla. Así pues inventamos normas, son cómodas, son útiles. Podemos proyectar planes de futuro. Podemos generar juicios éticos. Juicios éticos, detengámonos en eso; cuánta hipocresía guarda ese término. Yo definiría "los juicios éticos" como el poder de destruirnos de forma correcta. Paradójico, ¿no? Sostengo la teoría de que no creamos las leyes para convivir sino destruir civilizadamente, según las pautas a seguir. De este modo no, del otro; ese está bien.

La utopía de la bondad del hombre. La pérdida de la fe hacia el ser humano es una constante, una tangente que tiende hacia el infinito. Los mitos del bienestar social, de la liberté, égalité, fraternité. Hemos creado la civilización, olvidando que el ser humano no es civilizado.

Confesiones febriles

Todo va bien. Todo va demasiado bien. La felicidad es un camino que me asusta y entonces hice lo que mejor sé hacer: ponerme enferma.
La gente teme el dolor y la fiebre; yo a estas alturas ya me lo tomo con resignación. La gripe para mí es un viejo conocido que viene regularmente a visitarme. Y está bien, el mundo funciona así. Está bien para mí.
Intelectualmente, es un bálsamo curativo. 
Normalmente estoy encerrada en la cama, mirando el techo durante horas. Ni si quiera me pongo una película para intentar distraerme. Nunca me apetece. A veces leo, pero no mucho. Sólo pienso. Pienso mucho e imagino muchas cosas. No debería, no me sienta bien, es como si tomase una dosis de veneno cada día que guardo en cama. La ignorancia es la base de la felicidad, sólo que yo me resisto a una vida plana repleta de artificios.
Las hijas de Eva son hijas por algo, recogen la fruta entregada por el reptil y lo muerden sabiendo que está mal. Somos conocedoras de ello y aún así accedemos. He aquí el pilar del problema de la Humanidad.
Así pues, retoño de la Luna, pensé en la soledad. Nunca he tenido miedo al concepto de la vida solitaria. Es algo que personalmente no me hundiría en la miseria. Preferiría no conocerla, por supuesto, pero en el fondo seguiría acompañada aunque no fuera por el marido y los hijos estándar que se supone que es nuestra misión tener. No, esa soledad no me asusta.

Me asusta la soledad irremediable que todos vamos a sufrir. No, no me asusta. Me aterra. Me atenaza el pánico cada vez que lo pienso. Siento como se escapa el aire de mis pulmones y mis ojos intentan salirse de las órbitas de puro pavor.
Habrá un momento de mi vida que mi corazón dejará de latir, que ya no habrá más oxígeno que alimente a mis células. Mis miembros se agarrotarán y mi calor corporal descenderá. Y me asusta porque tengo que hacer eso sola, sin guía, sin paracaídas. Sin una red de seguridad. No hay un método correcto, ¿dolerá? ¿Será como quedarse dormido? Cuando me esté muriendo, ¿me daré cuenta de que estoy muriendo?
¿Y qué hay allí? ¿Hay algo? ¿O simplemente se perderá mi identidad entre millones de motas de polvo que forman el compendio del conocimiento del ser humano? ¿Seré pasto de gusanos y ya está? ¿Lo único que quedará de mí es un insoportable hedor, un cuerpo tumefacto, descompuesto, deshumanizado? 

¿Dónde se irá todo lo que he sentido? ¿A dónde irá a parar el amor que soy capaz de sentir, que soy capaz de expresar, que es capaz de ahogarme? O mi dolor, mis recuerdos, mi odio, mis miedos... 

Es la necesidad como ser inferior sin respuestas lo que mueve a la creencia de Dios, lo admito y no me avergüenzo. Necesito creer en Él porque sino mi vida entera no tendría sentido y no sería capaz de levantarme por las mañanas. Por eso admiro a los ateos, a los ateos que lo son hasta el final.
Pero yo no, yo necesito creer en el Poder de Algo Más y a pesar de ello no puedo evitar cuestionármelo todo, porque aunque Él existe, ¿por qué iba a merecer yo su misericordia y no un castigo eterno? ¿Cuál es la prueba irrefutable de que estoy adorándole a Él y no enfureciéndole? Es decir, por una cuestión del azar soy cristiana (que no católica) y no musulmana, o hindú, o no he nacido en pleno sigo X a.C y rezo a dioses de la mitología griega. 

Grandes preguntas y ninguna respuesta. Nos toca vivir sin comodines apostando todo o nada. Envidio a la gente insulsa que no se plantea esto. Ojalá yo pudiera ser como ellos.

domingo, 9 de junio de 2013

22 de Enero

Verborrea incompleta, inconexa, insuficiente.
Incompatible con el vertiginoso ritmo de vida. Los súbitos silencios son inusuales y extravagantes. Todos hablan, todos corren, todos actúan. Yo en cambio aún intento descifrar este mapa de carretera mientras me tomo un café cargado en un bar desértico.
Soy filóloga pero las palabras no son mis amigas. Paradojas de la vida, supongo.

viernes, 3 de mayo de 2013

3 de Mayo

"Qué gusto da está estar enamorado. Y pasear contigo del brazo. Traigo rosas rojas para ti. Eres mi rincón favorito de Madrid".

Y que tras la tormenta llega la calma. Y qué calma. Y que todo. Y qué ganas de vivir.
¿Qué ocurre si te digo que me quiero comer el mundo? Pero quiero estar sola. Nada de desvivirme por otras personas. Lo quiero todo, pero en su justa medida. 
¿Lo tengo todo ahora en su justa medida? Pues no. Pero ya no me importa. Bueno, claro que me importa. Pero es una parte de mí y no mi razón de ser. Mi única razón de ser soy yo misma.
Qué hablen, que digan lo que quieran y que me califiquen con todos los adjetivos que quieran, qué más da: las rosas seguirán siendo rojas y la luna sonreirá desde el cielo cada noche. 
Y cómo dijo alguien a quién yo admiro mucho, y yo me iré y se quedarán los pájaros cantando. Pues que así sea.

Dios, ojalá pudiese ver cada persona de este planeta cómo entra la luz del sol por la ventana de mi salón. Está atardeciendo y esa luz es anaranjada. Pero ilumina. Y demuestra los defectos para poder ser limpiados.  

Estamos rodeados de metáforas y ni si quiera nos damos cuenta.

Di sí

Quién me lo iba a decir. Las drogas sí eran la solución, al menos para poder respirar hondo, poner la frente contra una fría ventana y pensar.
Bueno, no, pensar no. Llevo años pensando. Sólo que ahora sí actúo. He decidido salir al escenario pero no seguir las acotaciones del guión.
Y he dado muchos pasos hacia adelante, y si miro en retrospectiva, para mejor... Después de muchos años me siento orgullosa de mí misma. Estoy agusto conmigo. No estoy acostumbrada a esto y me gusta mucho.
No quiero cambiarlo.
Me gusta.
Me gusta.
Me gusta mucho...

martes, 16 de abril de 2013

Mi lado ñoño subversivo

¡Qué resulta que sin ti no puedo! ¡Y a la vez no te soporto! De verás, algunas veces me gustaría matarte con la almohada de tu habitación para que te quedases quieto y callado de una vez... no sé cómo se puede ser tan listo y tan payaso a la vez. Ni cómo puedes poner esas vocecitas y caritas que hacen que me derrita... Por eso, un día de estos intentaré asfixiarte. Y tu apartarás el almohadón (porque eres mucho más fuerte que yo) y me dirás: ¿qué haces? ¿estás tonta? Y me pondrás bocabajo, me abrazarás con fuerza y atacarás mi indefenso cuello. Y acabaremos así otra vez, peleando y arañándonos con besos y mordiscos, probablemente incluso con más de un suspiro.
Pero no te preocupes, mañana volveré a odiarte y a quererte a partes iguales. Y necesitaré que me beses para que calmes a la sociópata que llevo dentro. ¿Eso es amor no? Porque resulta que echo de menos tu voz y tu rostro cuando no oigo ni veo tus tonterías que tanto me irritan; y tú te molestas conmigo cuando te digo que no te voy a ver en cinco días. Y así discutimos día sí y día también por cosas que ni merecen la pena ¿y esto cómo lo defino yo, a ver? ¿Esto qué es? ¿Y si no es amor, qué es? ¿Y si yo creo que es amor y así estamos contentos? ¿Y tú? ¿Qué es lo que crees?

Yo creo que voy a mandarte un sms, uno de esos que tan poco se llevan actualmente;  de esos que sólo dicen "te quiero".

sábado, 13 de abril de 2013

Reencuentros

El otro día me lo encontré. Me lo encontré en la víspera de San Valentín. 

Yo iba por las calles de Madrid maldiciendo mi estampa por tener que comprar un regalo. Es la norma estandar: cada vez que se acerca alguna fecha especial mi humor se amarga pensando qué regalar. Qué le vamos a hacer, soy un espíritu al que le han obligado a materializarse y tiene que soportar tener dos piernas y dos brazos. Y un pelo que se le cae en exceso compensado por unos ojos preciosos. A los espíritus errantes no nos gusta salir de nuestros trances para decidir qué regalo es mejor. Es comprensible, ¿no?

Creo que me estoy yendo de tema. El caso es que le vi y él me vio aunque creo que no me reconoció. Fue una sensación extraña. Mentiría si dijera que no se me aceleró el corazón. Pero ya no era como antes. 
Iba de la mano con su novia, es pelirroja con un montón de pecas  y una nariz enorme. Mis juicios siempre tienen un caracter peroyativo subyacente pero juro que sólo estoy siendo descriptiva. Aún con todo eso, es una chica muy guapa. Muy, muy , guapa. 
Iban charlando distendidamente, sonríendo. Se notaba que disfrutaban el uno del otro.
Y me asusté. Me asusté porque no quise romper era armonía con un "hola, sí...esta es Cris...una eh...bueno, amiga". Y se me aceleró el corazón porque no quería que me hablara y mostrara un falso interés por mí. Y me asusté, porque hacía un millón de años habría dado cualquier cosa para encontrármelo así. Habría mirado a su novia con un desprecio calculado y le habría sonreído a él mientras insistía en que debíamos vernos y tomar unas cervezas, costase lo que costase. 
Esas cervezas habrían costado un paquete de condones y unos cuernos a una chica pelirroja muy guapa. 

Pero por si me quedaba alguna duda, ahora están todas despejadas. No quiero romper ni ser rota. ¿Y le quiero? Sí, le quiero mucho. ¿Se lo merece? No, pero yo tampoco me merezco que me quieran. 
Pero ya no así, quiero lo mejor para él y quiero que sea feliz. Cuando terminé con él, pensé que jamás volvería a querer a nadie así y estaba convencida de que no soportaría que hubiese otra mujer en su vida. Y ahora me escondo tras mi nuevo pelo moreno. Ahora bajo la mirada y paso a tu lado sin decir nada. Y eso es amor. Y es el mejor amor.

Ahora me pregunto si volveré a querer de una forma tan pura a otra persona.

Viernes Noche

No sé por qué, pero asocio a Rafa Pons con escribir. Si me descuido esto degenerará a Joaquin Sabina y acabaré con un vaso de whisky. Y Dios mío, hay pocas cosas que me gustan menos que el whisky solo.

Resulta que tras mucho tiempo, hoy he conseguido reconocer frente al espejo que vivo escondida. Miro a otro lado cuando pasa el vagabundo que me pide una limosna. Y ese vagabundo soy yo, la yo real quiero decir, no esta fachada tan llena de vacíos.
Me he visto con harapos y suciedad; pero eso no es lo importante. Lo importante es el vacío. Ella está vacía y yo también. Está claro que no puedes separarnos. Así que voy a pegarnos, con superglu si hace falta. Ya estoy cansada de estar cansada. Estoy harta de mí misma y mis problemas sin solución. Voy a dejar de vivir en la oscuridad, ¿por qué estoy aquí si no me gusta?
No más máscaras. O no conmigo.

Hoy es viernes, podría llamar a alguien y presentarme con vodka y hielos para ser bien recibida. Todavía es pronto, aún son las doce. Puedo hacerlo. Antes lo habría hecho...Bueno, antes habría cogido el teléfono varias horas antes para concretar con quién iba a salir, pero me hago mayor. No, mayor no. Me hago vieja. Los cubatas y los cigarros me siguen gustando, solo que se me quedan cortos.
Pero no quiero emborracharme, no le veo el sentido. Prefiero dormir bien y descansar mejor para mañana tener fuerzas para luchar contra mis monstruos internos.

¿Esto es lo que tú llamas madurar, mamá?

4 de abril


Voy a llorar hasta quedarme sin fuerzas y después voy a ponerme unos tacones. Me arreglaré el pelo y me pintaré los labios. Tal vez incluso me ponga escote. Me miraré al espejo y me sentiré sexy.Soy joven, soy guapa y soy lista. ¿Quién necesita más? Quiero pasar página; páginas que ni si quiera en el fondo de mí ser sé si van a ser pasadas, o quedarán perecederas por el fin de los tiempos. Y aún con esa incertidumbre como marca de la casa, me hago daño y me preparo para ello. La felicidad no está diseñada para mí. Es algo pasajero dice la gente, para mí es algo que huelo de lejos.Los días se escapan entre mis dedos, es terrible la velocidad de la vida. Ya voy a 60 km/h y aún voy en segunda. Toda mi existencia va ralentizada cuando el motor me pide cambiar de marcha.Hubo un tiempo en que lo odiaba todo. Odiaba el atardecer perseguido por el amanecer. Odiaba el dinero y a la gente con poder. Odiaba las frivolidades de los que me rodeaban. Odiaba ser consciente del tic tac del Universo y que me hubiese tocado aprender lecciones que jamás nadie debería conocer. Odiaba ser infeliz, odiaba estar preocupada, odiaba la mediocridad. Era un ser lleno de odio que se escondía de su propio veneno tras buena literatura que me hacía sentir especial, tras un cubata, un cigarro y los labios de alguien a quién yo no le importaba. Ni él a mí tampoco.Y me conformaba. Y subsistía con ello.Y no era feliz, no me importaba no serlo. Estaba bien, no conforme pero sí resignada. Creo seriamente que habría seguido así durante unos cuantos años y luego habría acabado en un psiquiátrico.Tal vez no, tal vez habría podido seguir con una miserable existencia hasta mi último aliento. Tal vez habría cumplido mis propósitos y habría proclamado un ¿y ahora qué? Pero está claro, no quiero eso. Nadie quiere eso.Ahora soy consciente de mis miserias: alguien me ha quitado la venda y me ha dejado desnuda ante la realidad. Y no soy feliz y quiero serlo pero no sé cómo, y se me hace lejano y eterno. Quiero dejar de odiarlo todo. Quiero dejar de odiarme, quiero quererme y mimarme.Quiero, pero no puedo. Me siento sola.

viernes, 18 de enero de 2013

El ello, el yo, el superyo y el yo poético

El amor de verdad está descatalogado. Y la película fue un éxito en taquillas, pero no transformó la historia del cine; así fue como la desidia hacia el yo poético fue mermando su capacidad de sentir, sumiéndole en una desordenada desdicha.


Desde luego, cuánta descortesía.