La crítica destructiva como ritual diario. Es fácil esconderse en el caos, ¿no crees? En el caos lo aleatorio es la única ley vigente. Es una ley respetable. No hay culpables, ni acusados. Hay heridos, claro, pero siempre hay heridos. Todos estamos heridos, hay quien sangra más y hay quien sangra menos. Me pregunto si habrá alguien que no tenga el alma apuñalada.
Darwin y su teoría de la supervivencia del más apto para la procreación. No el más fuerte o el más listo. Esa es un error generalizado. No tiene por qué extenderse el mejor ejemplar de la especie. Eso me hace pensar.
Por eso creamos normas, ¿no? La civilizaciones no se puede fundar en la jungla. Así pues inventamos normas, son cómodas, son útiles. Podemos proyectar planes de futuro. Podemos generar juicios éticos. Juicios éticos, detengámonos en eso; cuánta hipocresía guarda ese término. Yo definiría "los juicios éticos" como el poder de destruirnos de forma correcta. Paradójico, ¿no? Sostengo la teoría de que no creamos las leyes para convivir sino destruir civilizadamente, según las pautas a seguir. De este modo no, del otro; ese está bien.
La utopía de la bondad del hombre. La pérdida de la fe hacia el ser humano es una constante, una tangente que tiende hacia el infinito. Los mitos del bienestar social, de la liberté, égalité, fraternité. Hemos creado la civilización, olvidando que el ser humano no es civilizado.
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