No sé por qué, pero asocio a Rafa Pons con escribir. Si me descuido esto degenerará a Joaquin Sabina y acabaré con un vaso de whisky. Y Dios mío, hay pocas cosas que me gustan menos que el whisky solo.
Resulta que tras mucho tiempo, hoy he conseguido reconocer frente al espejo que vivo escondida. Miro a otro lado cuando pasa el vagabundo que me pide una limosna. Y ese vagabundo soy yo, la yo real quiero decir, no esta fachada tan llena de vacíos.
Me he visto con harapos y suciedad; pero eso no es lo importante. Lo importante es el vacío. Ella está vacía y yo también. Está claro que no puedes separarnos. Así que voy a pegarnos, con superglu si hace falta. Ya estoy cansada de estar cansada. Estoy harta de mí misma y mis problemas sin solución. Voy a dejar de vivir en la oscuridad, ¿por qué estoy aquí si no me gusta?
No más máscaras. O no conmigo.
Hoy es viernes, podría llamar a alguien y presentarme con vodka y hielos para ser bien recibida. Todavía es pronto, aún son las doce. Puedo hacerlo. Antes lo habría hecho...Bueno, antes habría cogido el teléfono varias horas antes para concretar con quién iba a salir, pero me hago mayor. No, mayor no. Me hago vieja. Los cubatas y los cigarros me siguen gustando, solo que se me quedan cortos.
Pero no quiero emborracharme, no le veo el sentido. Prefiero dormir bien y descansar mejor para mañana tener fuerzas para luchar contra mis monstruos internos.
¿Esto es lo que tú llamas madurar, mamá?
No hay comentarios:
Publicar un comentario