miércoles, 8 de enero de 2014

Me enveneno

La ansiedad se agolpa tras la puerta. Tic tac. ¿Un cigarro? Lo siento, estoy mala, no puedo fumar. Ya ni un "no, es malo para la salud". Vivo como todos, pensando en la muerte como algo lejano. Craso error, pequeña, tú deberías saberlo. Me muero. Perfección. Ideas de caer que me asustan si miro por la ventana. Yo sólo quería comprobar una cosa de Lesbos, y aquí estamos, otra vez, siempre otra vez pensando en lo que no se debe pensar, planteando, refutando, analizando... Deseo de mejorar que se transforma en frustración, en querer y no poder porque no es suficiente. El aspecto perfectivo para mí es inceptivo, he ahí el problema.
Me angustio, pienso demasiado. O demasiado poco. Me pregunto muchas cosas que no me atrevo a preguntar. ¿Sería eso verdad o es idealización? Las palabras siempre dulces, siempre amenas...incluso cuando deberían ser agresivas son a mi juicio pasivas. Las descripciones de los sucesos son pulidas con esmero, adornadas con erudición, parecida a una charla de bohemios de esas que necesitas estudiar mucho o vivir mucho para entender. 
Tengo ganas de llorar. Qué lejos está eso de mí.
La Maga que no es bruja. El sabio sin libros. El cura sin voz. Cercenada y marchita. No creces hacia arriba, miras el sol y está tan alto como la luna. Esa luna cascabelera que te amarga y te aniquila.
¿De verdad esas charlas serían tan apasionantes como las cuenta? ¿Y por qué eso yo no? ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué yo no? ¿Por qué aquello sí?
Me consumo. La personalidad vuelve a sus raíces etimológicas y cae en trozos al suelo, se rompe la cerámica contra el piso. Arañando las paredes hasta la mutilación, los engranajes comienzan a moverse, a atenazar. Qué miedo, mamá. Qué sola y qué frágil me siento, mamá. Qué tonta y pequeña e insulsa e inculta me siento, mamá.

domingo, 8 de diciembre de 2013

Tardes sin nombre

Estás sentado en tu salón, mirando la tele pero viendo sin ver. Llaman al timbre, por fin. Qué guapa está, no sabes por qué pero cada día te gusta más. Y ahí está, mirándote con esos ojos tan grandes y esa sonrisa especial que compone cada vez que está cerca de ti; ella te da un beso rápido pero tú la encarcelas entre tus brazos. Es tu presa y como buen lobo tienes que marcar su cintura con tus zarpas. Y la vuelves a mirar, te pasarías la vida mirando esos ojos, ¡joder, pero qué ojos! ¿De dónde sale tanta luz? Tú que ves cómo crecen, cómo se esconden; cómo brillan cuando está feliz y la fuerza y el miedo que transmiten cuando se enfada. Nadie mejor que tú conocen esos ojos que tanto te fulminan.

Le arrastras hasta tu habitación y bajas la persiana lo suficiente para que no te deslumbre el segundo sol del universo. Una vez en la cama te abrazas a ella, quién te besa jubilosa porque te ha echado de menos. Y tú te dejas besar, perezoso; y tú te dejas querer, con calma.

Después puede que habléis, no es raro que habléis en la cama; has descubierto que es el mejor sitio para conversar con ella, es la mejor forma de que ella llore, si quiere, y confiese sus frustraciones y sus miedos. Y luego se calme y te vuelva a besar. O bien puede que se enfade, y te grite y quiera escapar dando un puertazo, pero tú no aflojas nunca el abrazo, ni la dejas huir. Y para que luego se calme y te vuelva a besar.
Otras veces, la mayoría, habla, habla y habla y se ríe, ríe, ríe. Y tú tan calmado, la vuelves a besar.

Qué desorden tan dulce, qué de horas muertas tan vívidas. Qué microcosmos tan lindo en una cama tan mullida.

Hueles su aroma y enredas tus dedos en su pelo, despeinándola. Le besas en los ojos, en esos grandes ojos, y te llevas consigo su maquillaje. "Estás muy guapa al natural" le dices cuando observa frustrada su reflejo en el espejo, aunque ella nunca te cree.

Empiezas a sentirla cerca de ti. O empieza ella a estar más cerca de ti. Los besitos suaves van haciéndose más intensos y nunca hay reticencias, lo cual le molesta que le digas cuando se lo recuerdas. La abrazas (¿pero no la tenías ya sujetada?), la apresas, la besas. La desvistes y te desvistes. La abrazas, la apresas, la besas, la muerdes. El instinto animal prima sobre la razón. Y qué guapa está entre tus dedos. Y cómo crece la pasión entre los dos. 
"Qué pelo más largo tiene" piensas cuando ella se yergue. Oleadas, una tras otra hasta que llega el frenesí desbordado. Caballo desbocado que galopa y relincha cansado. -Ado, -ado, -ado. Terminado. 

"Creo que ya no deberíamos vernos más", te dice. Tú la miras, sonriendo. Siempre igual, siempre dice lo mismo al acabar. Hoy no te vas a enfadar, hoy no vas a intentar hacerle razonar, te callas y miras el techo. "¿Es que no vas a decir nada?". La miras, Dios qué ojos. Vale, lo vas a intentar una vez más.

¿Cómo me siento?

¿Es intriga? ¿Es fascinación? ¿Es odio? ¿Es amor? ¿Es envidia? ... ¿Eso soy yo? No puedo sacarlo, me atormenta, me interesa. Y sé que yo le intereso, no tengo pruebas pero lo sé, igual que sabes cuándo va a ser un buen día o lo bien que te quedarán esos pantalones que aún no te has probado. ¿Es la sirena negra de Gaspar? ¿Es la intuición de un yo en un otro? ¿Y por qué me cuestiono todo esto? ¿Por qué no olvido y dejo pasar? El agua fluye y yo soy una fuente, ¿por qué lo soy, no? Mi naturaleza no tiene raíces. Pero podría tenerlo, podría alimentar mis raíces, podría alimentar tus raíces ¿es eso? ¿Es un anhelo de conexión? ¿Una exclamación al cielo de la necesidad de una simbiosis? ¿Eso soy yo? ¿Y por qué? 

Creo que es soledad. Porque no creo que le interese más que la fascinación que se siente por algo feo.

sábado, 26 de octubre de 2013

Resumiendo

Resumiendo, vamos a echar uno rapidito. 
Marea está violando angelicalmente mis oídos y me está sentando muy bien. Escribo porque me gusta el sonido de las teclas, no porque haya alguna reflexión que me queme contar; no me ha quedado muy bonito eso último, ¿no?
He llegado a la conclusión de que la felicidad no es buena para la escritura. Antes escribía mucho, mucho más que mucho y ahora hago deporte y como sano. Pues me parece muy mal esta incapacidad de extensión comunicativa y me voy a poner en huelga. Me manifiesto contra mí misma. Cris dimisión.
Resumiendo: soy tan feliz que ya no puedo venir a contar desgracias. Maldita mi estampa de luz y color. Y como esto siga así me conozco, soy capaz de joderme la vida para sentirme desgraciada; me va el sado emocional. Resumiendo, no hay mucho que resumir.
Resumiendo, ¿qué hay que resumir?
¿Resumiando? Resumiéndome.

sábado, 17 de agosto de 2013

Bastarda sumisión la mía.

Bastarda sumisión la tuya. Dos besos en el cuello y una respiración en la nuca para perder el control. Jadeas y abres los ojos extasiada. Te muerdes los labios para no gritar mientras él dirige su atención al sur. Y ya está. Qué bien.
Vaya mierda.
El sexo fue concebido para hacernos perder la sensación de realidad. Y nos sintamos pletóricos y felices y completos. Y vaya mierda.
No es por nada en especial. Creo que es por todo en general. Es un odio subversivo contra todo. Es una rabia visceral. Hoy le ha tocado al sexo. Y al amor. Para mí necesariamente van unidos. 
Antes era capaz de aceptar el placer por el placer. El desahogo como necesidad fisiológica y nada más; no una expresión de un sentimiento que te llena, te rebosa y te aniquila.
Antes, los baños de una discoteca era un sitio tan bueno y tan digno como una cama grande y mullida. Y hostias, qué bien. Ni nombres ni caras. ¿Para qué necesitabas su número de teléfono? A la mierda, había muchos peces en el mar y tú eras un tiburón.
Y no un tiburón vegetariano.
Yo me cago en el amor. En la dependencia y en el exterminio del yo para dar paso al "nosotros".
No es miedo al compromiso, es un acto de rebeldía hacia la pérdida de la soltería, que no inocencia.

Yo misma me he reducido a un nombre, a una cara y a unas manos. A un futuro lleno de perros y gatos y niños que se llamarán Aitor. Y lo malo es que deseo eso con todo mi ser.

Definamos esto como mierda humeante y calentita. Es un buen nombre.

Y ya no hay vuelta atrás. El amor cuando no muere mata, y amores que matan nunca mueren. Y a mí no me mata él. Me mato yo misma cada día con un amor que se pega a mi piel y se adhiere a cada partícula de mi ser.  Es como el oxigeno: degrada tus células cada día de forma inexorable, imparable pero, ¿a qué no puedes vivir sin él? Veneno convertido en elixir.
Hay que joderse.
Resumida a un nombre, a una cara y a unas manos. Y joder, qué bien.

martes, 30 de julio de 2013

¿Civiliqué?

La crítica destructiva como ritual diario. Es fácil esconderse en el caos, ¿no crees? En el caos lo aleatorio es la única ley vigente. Es una ley respetable. No hay culpables, ni acusados. Hay heridos, claro, pero siempre hay heridos. Todos estamos heridos, hay quien sangra más y hay quien sangra menos. Me pregunto si habrá alguien que no tenga el alma apuñalada.

Darwin y su teoría de la supervivencia del más apto para la procreación. No el más fuerte o el más listo. Esa es un error generalizado. No tiene por qué extenderse el mejor ejemplar de la especie. Eso me hace pensar.

Por eso creamos normas, ¿no? La civilizaciones no se puede fundar en la jungla. Así pues inventamos normas, son cómodas, son útiles. Podemos proyectar planes de futuro. Podemos generar juicios éticos. Juicios éticos, detengámonos en eso; cuánta hipocresía guarda ese término. Yo definiría "los juicios éticos" como el poder de destruirnos de forma correcta. Paradójico, ¿no? Sostengo la teoría de que no creamos las leyes para convivir sino destruir civilizadamente, según las pautas a seguir. De este modo no, del otro; ese está bien.

La utopía de la bondad del hombre. La pérdida de la fe hacia el ser humano es una constante, una tangente que tiende hacia el infinito. Los mitos del bienestar social, de la liberté, égalité, fraternité. Hemos creado la civilización, olvidando que el ser humano no es civilizado.

Confesiones febriles

Todo va bien. Todo va demasiado bien. La felicidad es un camino que me asusta y entonces hice lo que mejor sé hacer: ponerme enferma.
La gente teme el dolor y la fiebre; yo a estas alturas ya me lo tomo con resignación. La gripe para mí es un viejo conocido que viene regularmente a visitarme. Y está bien, el mundo funciona así. Está bien para mí.
Intelectualmente, es un bálsamo curativo. 
Normalmente estoy encerrada en la cama, mirando el techo durante horas. Ni si quiera me pongo una película para intentar distraerme. Nunca me apetece. A veces leo, pero no mucho. Sólo pienso. Pienso mucho e imagino muchas cosas. No debería, no me sienta bien, es como si tomase una dosis de veneno cada día que guardo en cama. La ignorancia es la base de la felicidad, sólo que yo me resisto a una vida plana repleta de artificios.
Las hijas de Eva son hijas por algo, recogen la fruta entregada por el reptil y lo muerden sabiendo que está mal. Somos conocedoras de ello y aún así accedemos. He aquí el pilar del problema de la Humanidad.
Así pues, retoño de la Luna, pensé en la soledad. Nunca he tenido miedo al concepto de la vida solitaria. Es algo que personalmente no me hundiría en la miseria. Preferiría no conocerla, por supuesto, pero en el fondo seguiría acompañada aunque no fuera por el marido y los hijos estándar que se supone que es nuestra misión tener. No, esa soledad no me asusta.

Me asusta la soledad irremediable que todos vamos a sufrir. No, no me asusta. Me aterra. Me atenaza el pánico cada vez que lo pienso. Siento como se escapa el aire de mis pulmones y mis ojos intentan salirse de las órbitas de puro pavor.
Habrá un momento de mi vida que mi corazón dejará de latir, que ya no habrá más oxígeno que alimente a mis células. Mis miembros se agarrotarán y mi calor corporal descenderá. Y me asusta porque tengo que hacer eso sola, sin guía, sin paracaídas. Sin una red de seguridad. No hay un método correcto, ¿dolerá? ¿Será como quedarse dormido? Cuando me esté muriendo, ¿me daré cuenta de que estoy muriendo?
¿Y qué hay allí? ¿Hay algo? ¿O simplemente se perderá mi identidad entre millones de motas de polvo que forman el compendio del conocimiento del ser humano? ¿Seré pasto de gusanos y ya está? ¿Lo único que quedará de mí es un insoportable hedor, un cuerpo tumefacto, descompuesto, deshumanizado? 

¿Dónde se irá todo lo que he sentido? ¿A dónde irá a parar el amor que soy capaz de sentir, que soy capaz de expresar, que es capaz de ahogarme? O mi dolor, mis recuerdos, mi odio, mis miedos... 

Es la necesidad como ser inferior sin respuestas lo que mueve a la creencia de Dios, lo admito y no me avergüenzo. Necesito creer en Él porque sino mi vida entera no tendría sentido y no sería capaz de levantarme por las mañanas. Por eso admiro a los ateos, a los ateos que lo son hasta el final.
Pero yo no, yo necesito creer en el Poder de Algo Más y a pesar de ello no puedo evitar cuestionármelo todo, porque aunque Él existe, ¿por qué iba a merecer yo su misericordia y no un castigo eterno? ¿Cuál es la prueba irrefutable de que estoy adorándole a Él y no enfureciéndole? Es decir, por una cuestión del azar soy cristiana (que no católica) y no musulmana, o hindú, o no he nacido en pleno sigo X a.C y rezo a dioses de la mitología griega. 

Grandes preguntas y ninguna respuesta. Nos toca vivir sin comodines apostando todo o nada. Envidio a la gente insulsa que no se plantea esto. Ojalá yo pudiera ser como ellos.