¡Qué resulta que sin ti no puedo! ¡Y a la vez no te soporto! De verás, algunas veces me gustaría matarte con la almohada de tu habitación para que te quedases quieto y callado de una vez... no sé cómo se puede ser tan listo y tan payaso a la vez. Ni cómo puedes poner esas vocecitas y caritas que hacen que me derrita... Por eso, un día de estos intentaré asfixiarte. Y tu apartarás el almohadón (porque eres mucho más fuerte que yo) y me dirás: ¿qué haces? ¿estás tonta? Y me pondrás bocabajo, me abrazarás con fuerza y atacarás mi indefenso cuello. Y acabaremos así otra vez, peleando y arañándonos con besos y mordiscos, probablemente incluso con más de un suspiro.
Pero no te preocupes, mañana volveré a odiarte y a quererte a partes iguales. Y necesitaré que me beses para que calmes a la sociópata que llevo dentro. ¿Eso es amor no? Porque resulta que echo de menos tu voz y tu rostro cuando no oigo ni veo tus tonterías que tanto me irritan; y tú te molestas conmigo cuando te digo que no te voy a ver en cinco días. Y así discutimos día sí y día también por cosas que ni merecen la pena ¿y esto cómo lo defino yo, a ver? ¿Esto qué es? ¿Y si no es amor, qué es? ¿Y si yo creo que es amor y así estamos contentos? ¿Y tú? ¿Qué es lo que crees?
Yo creo que voy a mandarte un sms, uno de esos que tan poco se llevan actualmente; de esos que sólo dicen "te quiero".