Y todos los días pero no a todas horas. Y en cada instante de forma inconsciente pienso en ti.
Pienso en ti y te echo de menos.
Tanto que duele demasiado. Tanto que no se lo digo a nadie.
Y tengo miedo, la mayor parte del tiempo de todo: de tus ojos, de tu risa, de lo que pensarías... y de lo sola que me siento sin tu compañía.
Me siento frustrada y furiosa. Miro a mi al rededor y solo veo ojos con malicia que me observan esperando encantados mis tropiezos... e intento que no me importe, pero es difícil porque no tengo tu mano que me levante.
Me enjuago las lágrimas cuando en realidad quiero tirarme en una cama a llorar hasta quedarme tan vacía como rota estoy. Pero qué más da, a quién le importa si todos los días estoy metida en un pozo del que parece que no voy a salir.
Y entonces, de repente vuelve a empezar.
Y es que todos los días vuelve a amanecer.

No hay comentarios:
Publicar un comentario