sábado, 26 de octubre de 2013

Resumiendo

Resumiendo, vamos a echar uno rapidito. 
Marea está violando angelicalmente mis oídos y me está sentando muy bien. Escribo porque me gusta el sonido de las teclas, no porque haya alguna reflexión que me queme contar; no me ha quedado muy bonito eso último, ¿no?
He llegado a la conclusión de que la felicidad no es buena para la escritura. Antes escribía mucho, mucho más que mucho y ahora hago deporte y como sano. Pues me parece muy mal esta incapacidad de extensión comunicativa y me voy a poner en huelga. Me manifiesto contra mí misma. Cris dimisión.
Resumiendo: soy tan feliz que ya no puedo venir a contar desgracias. Maldita mi estampa de luz y color. Y como esto siga así me conozco, soy capaz de joderme la vida para sentirme desgraciada; me va el sado emocional. Resumiendo, no hay mucho que resumir.
Resumiendo, ¿qué hay que resumir?
¿Resumiando? Resumiéndome.

sábado, 17 de agosto de 2013

Bastarda sumisión la mía.

Bastarda sumisión la tuya. Dos besos en el cuello y una respiración en la nuca para perder el control. Jadeas y abres los ojos extasiada. Te muerdes los labios para no gritar mientras él dirige su atención al sur. Y ya está. Qué bien.
Vaya mierda.
El sexo fue concebido para hacernos perder la sensación de realidad. Y nos sintamos pletóricos y felices y completos. Y vaya mierda.
No es por nada en especial. Creo que es por todo en general. Es un odio subversivo contra todo. Es una rabia visceral. Hoy le ha tocado al sexo. Y al amor. Para mí necesariamente van unidos. 
Antes era capaz de aceptar el placer por el placer. El desahogo como necesidad fisiológica y nada más; no una expresión de un sentimiento que te llena, te rebosa y te aniquila.
Antes, los baños de una discoteca era un sitio tan bueno y tan digno como una cama grande y mullida. Y hostias, qué bien. Ni nombres ni caras. ¿Para qué necesitabas su número de teléfono? A la mierda, había muchos peces en el mar y tú eras un tiburón.
Y no un tiburón vegetariano.
Yo me cago en el amor. En la dependencia y en el exterminio del yo para dar paso al "nosotros".
No es miedo al compromiso, es un acto de rebeldía hacia la pérdida de la soltería, que no inocencia.

Yo misma me he reducido a un nombre, a una cara y a unas manos. A un futuro lleno de perros y gatos y niños que se llamarán Aitor. Y lo malo es que deseo eso con todo mi ser.

Definamos esto como mierda humeante y calentita. Es un buen nombre.

Y ya no hay vuelta atrás. El amor cuando no muere mata, y amores que matan nunca mueren. Y a mí no me mata él. Me mato yo misma cada día con un amor que se pega a mi piel y se adhiere a cada partícula de mi ser.  Es como el oxigeno: degrada tus células cada día de forma inexorable, imparable pero, ¿a qué no puedes vivir sin él? Veneno convertido en elixir.
Hay que joderse.
Resumida a un nombre, a una cara y a unas manos. Y joder, qué bien.

martes, 30 de julio de 2013

¿Civiliqué?

La crítica destructiva como ritual diario. Es fácil esconderse en el caos, ¿no crees? En el caos lo aleatorio es la única ley vigente. Es una ley respetable. No hay culpables, ni acusados. Hay heridos, claro, pero siempre hay heridos. Todos estamos heridos, hay quien sangra más y hay quien sangra menos. Me pregunto si habrá alguien que no tenga el alma apuñalada.

Darwin y su teoría de la supervivencia del más apto para la procreación. No el más fuerte o el más listo. Esa es un error generalizado. No tiene por qué extenderse el mejor ejemplar de la especie. Eso me hace pensar.

Por eso creamos normas, ¿no? La civilizaciones no se puede fundar en la jungla. Así pues inventamos normas, son cómodas, son útiles. Podemos proyectar planes de futuro. Podemos generar juicios éticos. Juicios éticos, detengámonos en eso; cuánta hipocresía guarda ese término. Yo definiría "los juicios éticos" como el poder de destruirnos de forma correcta. Paradójico, ¿no? Sostengo la teoría de que no creamos las leyes para convivir sino destruir civilizadamente, según las pautas a seguir. De este modo no, del otro; ese está bien.

La utopía de la bondad del hombre. La pérdida de la fe hacia el ser humano es una constante, una tangente que tiende hacia el infinito. Los mitos del bienestar social, de la liberté, égalité, fraternité. Hemos creado la civilización, olvidando que el ser humano no es civilizado.

Confesiones febriles

Todo va bien. Todo va demasiado bien. La felicidad es un camino que me asusta y entonces hice lo que mejor sé hacer: ponerme enferma.
La gente teme el dolor y la fiebre; yo a estas alturas ya me lo tomo con resignación. La gripe para mí es un viejo conocido que viene regularmente a visitarme. Y está bien, el mundo funciona así. Está bien para mí.
Intelectualmente, es un bálsamo curativo. 
Normalmente estoy encerrada en la cama, mirando el techo durante horas. Ni si quiera me pongo una película para intentar distraerme. Nunca me apetece. A veces leo, pero no mucho. Sólo pienso. Pienso mucho e imagino muchas cosas. No debería, no me sienta bien, es como si tomase una dosis de veneno cada día que guardo en cama. La ignorancia es la base de la felicidad, sólo que yo me resisto a una vida plana repleta de artificios.
Las hijas de Eva son hijas por algo, recogen la fruta entregada por el reptil y lo muerden sabiendo que está mal. Somos conocedoras de ello y aún así accedemos. He aquí el pilar del problema de la Humanidad.
Así pues, retoño de la Luna, pensé en la soledad. Nunca he tenido miedo al concepto de la vida solitaria. Es algo que personalmente no me hundiría en la miseria. Preferiría no conocerla, por supuesto, pero en el fondo seguiría acompañada aunque no fuera por el marido y los hijos estándar que se supone que es nuestra misión tener. No, esa soledad no me asusta.

Me asusta la soledad irremediable que todos vamos a sufrir. No, no me asusta. Me aterra. Me atenaza el pánico cada vez que lo pienso. Siento como se escapa el aire de mis pulmones y mis ojos intentan salirse de las órbitas de puro pavor.
Habrá un momento de mi vida que mi corazón dejará de latir, que ya no habrá más oxígeno que alimente a mis células. Mis miembros se agarrotarán y mi calor corporal descenderá. Y me asusta porque tengo que hacer eso sola, sin guía, sin paracaídas. Sin una red de seguridad. No hay un método correcto, ¿dolerá? ¿Será como quedarse dormido? Cuando me esté muriendo, ¿me daré cuenta de que estoy muriendo?
¿Y qué hay allí? ¿Hay algo? ¿O simplemente se perderá mi identidad entre millones de motas de polvo que forman el compendio del conocimiento del ser humano? ¿Seré pasto de gusanos y ya está? ¿Lo único que quedará de mí es un insoportable hedor, un cuerpo tumefacto, descompuesto, deshumanizado? 

¿Dónde se irá todo lo que he sentido? ¿A dónde irá a parar el amor que soy capaz de sentir, que soy capaz de expresar, que es capaz de ahogarme? O mi dolor, mis recuerdos, mi odio, mis miedos... 

Es la necesidad como ser inferior sin respuestas lo que mueve a la creencia de Dios, lo admito y no me avergüenzo. Necesito creer en Él porque sino mi vida entera no tendría sentido y no sería capaz de levantarme por las mañanas. Por eso admiro a los ateos, a los ateos que lo son hasta el final.
Pero yo no, yo necesito creer en el Poder de Algo Más y a pesar de ello no puedo evitar cuestionármelo todo, porque aunque Él existe, ¿por qué iba a merecer yo su misericordia y no un castigo eterno? ¿Cuál es la prueba irrefutable de que estoy adorándole a Él y no enfureciéndole? Es decir, por una cuestión del azar soy cristiana (que no católica) y no musulmana, o hindú, o no he nacido en pleno sigo X a.C y rezo a dioses de la mitología griega. 

Grandes preguntas y ninguna respuesta. Nos toca vivir sin comodines apostando todo o nada. Envidio a la gente insulsa que no se plantea esto. Ojalá yo pudiera ser como ellos.

domingo, 9 de junio de 2013

22 de Enero

Verborrea incompleta, inconexa, insuficiente.
Incompatible con el vertiginoso ritmo de vida. Los súbitos silencios son inusuales y extravagantes. Todos hablan, todos corren, todos actúan. Yo en cambio aún intento descifrar este mapa de carretera mientras me tomo un café cargado en un bar desértico.
Soy filóloga pero las palabras no son mis amigas. Paradojas de la vida, supongo.

viernes, 3 de mayo de 2013

3 de Mayo

"Qué gusto da está estar enamorado. Y pasear contigo del brazo. Traigo rosas rojas para ti. Eres mi rincón favorito de Madrid".

Y que tras la tormenta llega la calma. Y qué calma. Y que todo. Y qué ganas de vivir.
¿Qué ocurre si te digo que me quiero comer el mundo? Pero quiero estar sola. Nada de desvivirme por otras personas. Lo quiero todo, pero en su justa medida. 
¿Lo tengo todo ahora en su justa medida? Pues no. Pero ya no me importa. Bueno, claro que me importa. Pero es una parte de mí y no mi razón de ser. Mi única razón de ser soy yo misma.
Qué hablen, que digan lo que quieran y que me califiquen con todos los adjetivos que quieran, qué más da: las rosas seguirán siendo rojas y la luna sonreirá desde el cielo cada noche. 
Y cómo dijo alguien a quién yo admiro mucho, y yo me iré y se quedarán los pájaros cantando. Pues que así sea.

Dios, ojalá pudiese ver cada persona de este planeta cómo entra la luz del sol por la ventana de mi salón. Está atardeciendo y esa luz es anaranjada. Pero ilumina. Y demuestra los defectos para poder ser limpiados.  

Estamos rodeados de metáforas y ni si quiera nos damos cuenta.

Di sí

Quién me lo iba a decir. Las drogas sí eran la solución, al menos para poder respirar hondo, poner la frente contra una fría ventana y pensar.
Bueno, no, pensar no. Llevo años pensando. Sólo que ahora sí actúo. He decidido salir al escenario pero no seguir las acotaciones del guión.
Y he dado muchos pasos hacia adelante, y si miro en retrospectiva, para mejor... Después de muchos años me siento orgullosa de mí misma. Estoy agusto conmigo. No estoy acostumbrada a esto y me gusta mucho.
No quiero cambiarlo.
Me gusta.
Me gusta.
Me gusta mucho...