viernes, 3 de mayo de 2013

3 de Mayo

"Qué gusto da está estar enamorado. Y pasear contigo del brazo. Traigo rosas rojas para ti. Eres mi rincón favorito de Madrid".

Y que tras la tormenta llega la calma. Y qué calma. Y que todo. Y qué ganas de vivir.
¿Qué ocurre si te digo que me quiero comer el mundo? Pero quiero estar sola. Nada de desvivirme por otras personas. Lo quiero todo, pero en su justa medida. 
¿Lo tengo todo ahora en su justa medida? Pues no. Pero ya no me importa. Bueno, claro que me importa. Pero es una parte de mí y no mi razón de ser. Mi única razón de ser soy yo misma.
Qué hablen, que digan lo que quieran y que me califiquen con todos los adjetivos que quieran, qué más da: las rosas seguirán siendo rojas y la luna sonreirá desde el cielo cada noche. 
Y cómo dijo alguien a quién yo admiro mucho, y yo me iré y se quedarán los pájaros cantando. Pues que así sea.

Dios, ojalá pudiese ver cada persona de este planeta cómo entra la luz del sol por la ventana de mi salón. Está atardeciendo y esa luz es anaranjada. Pero ilumina. Y demuestra los defectos para poder ser limpiados.  

Estamos rodeados de metáforas y ni si quiera nos damos cuenta.

Di sí

Quién me lo iba a decir. Las drogas sí eran la solución, al menos para poder respirar hondo, poner la frente contra una fría ventana y pensar.
Bueno, no, pensar no. Llevo años pensando. Sólo que ahora sí actúo. He decidido salir al escenario pero no seguir las acotaciones del guión.
Y he dado muchos pasos hacia adelante, y si miro en retrospectiva, para mejor... Después de muchos años me siento orgullosa de mí misma. Estoy agusto conmigo. No estoy acostumbrada a esto y me gusta mucho.
No quiero cambiarlo.
Me gusta.
Me gusta.
Me gusta mucho...